Love is her best dress.

She never find a night good enough to wear it.

viernes

we.

Somos nosotros
Insisto en que la frase acuñada por nuestros adolescentes refleja una vez más, como otras veces, la sabiduría fresca de una generación: “Somos nosotros”. La que antes fue “Es lo que hay”, esa sentencia apática y simpática que oscilaba entre el conformismo resignado y el agradecimiento honrado, hoy es “Somos nosotros”, una reivindicación digna de identidad. No necesitamos probar nuestra identidad con más adjetivos. No necesitamos que nos definan con subtítulos de tribus urbanas: somos. No fuimos, no seremos: somos. No tenemos que probarle a nadie que somos el futuro. Somos. Si nos definimos de algún modo; somos nosotros, lo mejor que tenemos es esta primera persona plural, la que se hace cargo de la voz personal y que se hace fuerte en el conjunto, en la suma, en la comunidad. 

Somos nosotros.
Los que nos conocemos en la fila de cuarenta minutos de la fotocopiadora.
Los que hacemos la fila de de cuarenta minutos solamente para bancar al compa que tiene que sacar las declinaciones de Griego.
Los que subimos diez pisos de escaleras en señal de protesta porque los ascensores son amarillos.
Los que sufrimos el mal humor de los bedeles.
Los que llegamos tarde para bancar el pucho de la escalera.
Los que nos subimos a un Primera Junta cuando hace frío, para ir juntos y abrigaditos.
Los que nos escandalizamos con el aumento de los panchos en Once, porque comemos panchos en Once y eso no hace más que mejorar nuestra salud.
Los que almorzamos en el camino, merendamos en clase y pedimos algún mate para despertarnos.
Los que tenemos una relación de amor-odio con las ciencias de la educación y con Perón, Foucault, Borges y Saussure.
Los que tenemos tatuada en la frente algunas frases de Freire.
Los que puteamos a Macri porque no hay nada más sanador que putear a Macri.
Los que nos anotamos mal en una correlativa.
Los que nos anotamos haciendo cruces en una planilla fotocopiada.
Los que hacemos dibujitos en los márgenes de las hojas.
Los que volvemos de las vacaciones y no hablamos de Gran Hermano, pero sí de cine de los ’60.
Los que tenemos la voz gastada porque nuestros estudiantitos hoy tuvieron un mal día.
Los que no entendemos la gramática pero nos obsesionamos con esa ciencia mágica.
Los que analizamos oraciones de Latín en el suelo.
Los que aprendimos a leer la vida con Julio.
Los que mandamos mensajitos en clase y ahogamos las sonrisas y los enojos.
Los escritores sin éxito y sin lectores que besamos las palabras y las despertamos a gritos.
Los que hacemos el amor, la paz y la guerra en los pasillos.
Los que, hablando de guerra y paz, fuimos felices leyendo novelas rusas.
Los que estamos pensando seriamente en aprender ruso.
Los que nos ponemos de acuerdo en las discusiones de política y nos peleamos en las conversaciones sobre música. Y viceversa.
Los que tenemos mucho más que nuestro propio peso en apuntes en casa.
Los marxistas que nos ponemos peronistas cuando los marxistas se ponen boludos, y nos ponemos marxistas cuando los peronistas se ponen siniestros.
Los que no podemos parar de brillar.
Los que literalmente nos salimos del molde por moldear algo distinto.
Los que hacemos los túneles invisibles que van a mover el piso de todos.
Los que ponemos los ladrillitos de lo nuevo desde abajo.
Los que sembramos de noche para anticipar la mañana.
Los que nos morimos de sueño, nos morimos de calor, nos morimos de hambre, nos morimos de frío, nos morimos de cansancio. Los que también a veces nos morimos de dolor, de impotencia y de despecho. Los que, sobre todo, nos morimos de amor.
Los que, muertos de amor, bajamos la cabeza y seguimos tomando apuntes.




Pero tenemos este tesoro 
en vasijas de barro.
Somos oprimidos de mil modos, 
pero no nos abatimos;
nos sentimos desorientados, 
pero no desesperamos;
estamos perseguidos, 
pero no abandonados;
derribados pero no rematados.
Como moribundos, 
pero estamos vivos;
como castigados, 
pero no muertos;
pobres, 
pero enriqueciendo a muchos,
no teniendo nada, 
pero poseyéndolo todo.
2 Corintios 4



miércoles

faltan ellos.

NO.


Miro en silencio cómo las fotos de perfil de Facebook se van llenando de las siluetas vacías que eligen mis amigos y conocidos. Me pregunto, como siempre, si el efecto contagio le resta mérito a la opción.  Me cuestiono la pose de conciencia y justicia pseudo progre. No. Es memoria. Sencilla, básica, cotidiana. Pero es memoria.

Mañana un feriado nefasto inaugura un fin de semana largo de traslados y distancias. Me aviso: está mal vacacionar. Está mal irse.  La lluvia puede ayudar a que no se llenen las playas de amnésicos. Ojalá. Está mal la amnesia. Pero no. Respirar aire fresco de otoños y caídas, es memoria. La misma lluvia, como llanto de dolor y de pureza, suele motivar a los militantes a buscar las plazas para manifestar el recuerdo.

Cuento los minutos que faltan para que empiece este veinticuatro. Empiezo a delinear en mi mente el asco interno que va a segregar mi propia memoria cuando le toque leer las editoriales hipócritas, escuchar los discursos prefabricados, los ensayos de canciones de lucha vendida. Me callo. No. La democracia, los diarios, los discursos, las canciones. Son memoria. La libertad de escribirlos y pronunciarlos y cantarlos. Y de negarlos, de apagar la tele, de cerrar el diario. Es memoria.

¿Un solo día para recordar? Alcanza, será suficiente, será necesario. Sí, Flor. Un día, unas horas que marquen el ritmo de la entrada del pasado y de la historia.  Un día para decir que ya no. Para perdonar pero nunca olvidar. Un día de memoria para que el resto del año sea de futuro. Un día de memoria para empezar a dibujar sueños, mañana.

Vuelvo a abrir la ventana de Facebook. Van desapareciendo las caras, se va llenando de siluetas: Nunca más. Es un no. Así no. Eso no. No sabemos qué va pero sabemos qué no va más. Sabemos que para aprender a elegir, hay que aprender a decir que no.

La conciencia de los hijos de la democracia, los que hoy hablamos livianamente de derechos humanos en patios y aulas, es por lo menos barata, un poco cursi, un poco ingenua. La memoria es incompleta. Pero es búsqueda, es intento. Ahí donde un adolescente narcisista borró su cara para dejar el espacio a la denuncia de los que no tienen cara, los que no tienen identidad y los que no tienen historia. En ese cuadrado de la pantalla donde no se sabe quién es quién, porque todos somos todos. Las caras maquilladas, en pose, en escena, en venta, se vuelven silencio a gritos. No. Nunca más. Ya no. Por los que no tuvieron opción de elegir lo que querían, por los que sólo ejercieron su derecho de no hacer lo que no quisieron querer.

Hay otro veinticuatro en el año que me habla de muerte y de memoria. Me destroza y me arrastra al recuerdo, otro veinticuatro que no me deja despedirme. En este veinticuatro, paralelo, tan gris como ese pero distinto, en estas fechas hay una profundidad especial. Estos son días de silencio y de muerte. Y se acerca Pascua de Resurrección.

Como epílogo, después de releer lo derramado en estos párrafos, me acuerdo: el asesinato del maestro Fuentealba fue un 5 de abril. Ese año, era Semana Santa. El 5 de abril del 2007 fue Jueves Santo. Nada de lo que se entrega, se pierde. Nada de lo amado se pierde. La muerte no puede ser bandera, pero es certeza. Es un no. No. La vida, más fuerte, es memoria. Y por eso, es pregunta. La distancia entre la memoria y el cumplimiento de las promesas se llama esperanza.

viernes

PMS

Friday, I’m 
in PMS
Levanto la mirada y recorro esta semana vertiginosa y revuelta de abrazos. Bordada por un punteo de comienzos, congestionada por preguntas nacionales y de las más íntimas. Semana escandalosa y púber, también bienvenida, bienvestida y responsable.

Es difícil ser uno todos los días. A veces apagar una piba copada, pujante y perseverante es inevitable. Incluso las mañanas en las que me levanto con bríos pueden degenerarse en un día de dificultades para dejar las superficies planas y blandas que todos disfrutamos ocupar.

 Entonces acá estoy yo, con un viernes de grandes planes en las manos, con el cuerpo chirriando de amor y silencios, un buen humor aletargado y lento, el piyama vuelto a poner después de bañarme, un té de manzanilla y rosa mosqueta, canciones lindas y alguna emoción.

Día récord de suspiros, de soles tibios, de colores pasteles, de sonrisas por chat. Pausa, duda, vidrio, cuento, puré.