En una fecha polisémica, somos muchos los que pensamos que no debería ser hoy el día del maestro. Somos cada vez más los que miramos las imágenes de Sarmiento con más preguntas que alabanzas.
Somos los que sentimos propio el golpe militar en Chile en 1973 porque aunque no hayamos nacido, ya vivíamos, y los que leemos la caída de las torres gemelas como un auto atentado, aunque los pilotos de los aviones fueran iraquíes.
Los que también recordamos que hay una plaza en la ciudad que se llama once de septiembre, destino y partida de tantas esperanzas y dolores. Los que puteamos "al Sarmiento", el Sarmiento de cada día, inevitable, decadente y aparentemente irrecuperable como la escuela liberal que nos dejó.
La misma escuela que, como el tren, es puerta de entrada, puente y pista de lanzamiento para la mayoría de nuestros sueños. Y que es, para muchos de nosotros también, plato de comida, manual de instrucciones, campo de batalla, cancha de juego.
En una fecha polisémica, sentimos agridulce que nos puteen a diario y alaben hoy a un maestro inmaculado, incansable, paciente y neutro que no existe, o que no queremos que exista.
Los mismos que destrozan la calidad educativa, desechan las recomendaciones de las señoritas, depositan a sus niños en la escuela la mayor cantidad de horas posibles y no se acercan si no es para reclamar cual empresa de telefonía, bardean con mil improperios al profe que trata de equilibrar crisis adolescente con herramientas alternativas, niegan el derecho a cada marcha, cada manifestación, cada paro que intenta -aunque erráticamente- transformar lo urgente; esos mismos hoy agradecen a un maestro idealizado en estados de Facebook, informes de noticiero y en algún que otro acto. Piensan, seguro, que el asueto está demás "que celebren enseñando, ¿no es lo que eligieron?" Y muchos, muchos de ellos, algo de razón tienen: todos los días vemos compañeros luchando y mucho, amando y tanto, trabajando y muy bien. Y también vemos antieducadores antieducando.
En una fecha polisémica, no le deseo feliz día a nadie y declino también la parte de maestro. Pienso en cambio en mis antimaestros y digo -me digo- que con poca experiencia docente (¿qué será eso?) pero con mucha observación estudiante, aprendí a deconstruir mientras me construyo un poco. Ya sé que no, qué no nunca, qué violenta espacios, vulnera derechos y anula personas.
Con listas de reglamentos y normas copiadas unas de otras, y todas desprendidas de la Constitución de Estados Unidos, listas de prohibiciones que proponen poco, aprendí que las conductas sancionables son cada vez más, tantas que es casi imposible no cometer alguna si uno no es una planta. Pero muchas no están dichas, y muchas más no están dichas para nosotros, los docentes, maestros del error:
No te equivoques los nombres de los alumnos. Y tampoco de tus compañeros de trabajo, sobre todo de aquellos de los que sos autoridad. Es el nombre, aprendélo y pronunciá bien el apellido.
No los compares, para bien o para mal, con sus hermanos o primos. No los compares con el curso de al lado. No compares.
No señales su cuerpo o su ropa marcando fallas apenas los ves. Imagináte cómo te sentís cuando te pasa. Imagináte en un adolescente en conflicto con su cuerpo. El encargado de verbalizar de manera sana los acuerdos con respecto al uniforme y la presentación sos vos, sé creativo, no ejerzas la violencia desde un lugar de poder.
No te metas de manera ofensiva con su aspecto físico y tampoco con su higiene personal.
No supongas: ¿usted trabaja? ¿usted tiene hijos? ¿usted recibe todas las comidas? Todas las preguntas las escuché en aulas. No entiendo a qué conclusiones llevarían las respuestas.
No juzgues a su familia.
No te metas con su grupo de amigos: "son las malas compañías, Pablito"
No trates de ser un adolescente para trabajar con adolescentes.
No te enojes cuando ves a alguien a quien le sale algo que nunca intentaste, seguro de que iba a fallar. Que falle.
Lo que nunca te falló con este grupo o este año puede empezar a salir mal. Siempre, todo el tiempo, hay algo nuevo que inventar.
Si tenés un personaje, que sea sólido y coherente, que explote tu mejor perfil, aquello que te sale mejor y te hace sentir bien, que te vuelve atractivo y agradable. También desafiante, pero siempre cómodo, como la ropa que te queda bien.
Bancáte la estructura sabiendo que existe y que reporta algo de sufrimiento, sin olvidar que es mejorable, transformable y que es un sistema humano. Reíte.
No te olvides que la risa es una expresión bella, una de las más auténticas. No la reprimas todo el tiempo entre los chicos ni en vos, aunque la causa no sean tus chistes. Cuidado, también se puede llorar.
Aprendé a usar las redes sociales, mirá películas nuevas, escuchá mucha música, aprendé a descargarlas, a llevarlas al aula y otros espacios, y a manejar todas las herramientas tecnológicas posibles. De verdad.
Aceptá que hay muchos no docentes que enseñan mucho, y que muchos docentes no enseñan nada, y que la verdad es probable que el adolescente sobreviva sin la ciencia que le estás transmitiendo. Desde ahí, ¿cómo despertarlo y darle algo nuevo para elaborar otras cosas?
Cuestionáte, complicáte la vida y revisá hasta los métodos de evaluación, la corrección, la división en tema 1, tema 2, la disposición del aula. Por favor.
Estás trabajando, no les estás haciendo un favor a los chicos. Ellos no decidieron tu sueldo ni eligen que no llegues a fin de mes. Siempre te queda la opción de ponerte un kiosco. En serio.
Y yo no sé cómo decirte sin que te ofendas que no traslades tu frustración a los que están creciendo. Somos relojitos, cuando un engranaje anda mal, seguramente todo se verá afectado, pero no seas sádico. Si tuviste una mala noche o una mala década, no maltrates, no quebrantes, no limites así.
Como toda lista de normas, aunque sean convencionales, es arbitraria y seguro hoy mismo caíste (caí) en varias de ellas. Como los adictos en rehabilitación: una sonrisa, y un día a la vez.
Love is her best dress.
She never find a night good enough to wear it.
miércoles
lunes
sudestada
Si yo pudiera ver entre tus labios los momentos que te dejaron solo, si hubiera una chance de escapar de esta tiniebla monárquica y espástica en la cima de nuestros días.
Pero no. La distancia está planteada por un averno licuado, por un extremo danzante, un diccionario florido, un código de reglas infranqueables.
(Pero nadie nos asegura qué hubiera pasado en otro contexto, en otro tiempo, bajo otras lunas. Si esas reglas fueran canciones y las penalizaciones otras, y las acepciones pusieran límites a los dolores que cargamos.)
Pero no. Mis problemas cuelgan al sol y ponen a secar las páginas de un libro que me empecino en borrar.
En la montañanovela rusa de sentimientos polarizados que emergen por cualquier adornito que encuentro en un estante, un bollito en el fondo de la cartera, el tiempo perdido en una huella, las ganas de haber sido un día la chica más bonita del aula, allí se funden mis deseos instalados en lo que no fue.
Las tormentas de verano anuncian desbordes que otros diques retendrán hasta que alguien pronuncie el conjuro que los rescate de su estancamiento.
El calor previo al desenlace, la humedad que sube, el trueno que desata la tempestad. El ruido que genera el encuentro, el cielo que abre caminos peligrosos.
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domingo
panta rei
"Me pidió un tiempo" me dijo. Ella le pidió un tiempo. Él me lo contaba en el límite lacrimoso entre la sorpresa y la desilusión. Yo traté de sonreír en silencio. No sé si porque sabía que ella no se había animado a dejarlo del todo -tibieza cobarde que no concuerda con mi repertorio- o porque intuía que ella volvería después de encontrarse intensamen-enfiestarse-te con alguien, con uno o varios, para luego retomar una relación segura y sana. (¿Qué será eso?)
Me pareció que las dos hipótesis eran un poco injustas para cualquier pareja, para las mujeres en general e incluso para ella. Porque bueno, una a veces inclina la balanza en favor de la amistad y a veces, en favor del género. El resto de las veces, o no le importa o sabe que es mejor callar.
Hace tiempo que me vengo tratando de correr de la trastienda de estos conflictos y mucho más de dar consejos. Primero porque no me sigas, yo también estoy perdida, y segundo porque no me considero una persona que escuche comprensivamente, que sea confiable o que represente una escala de valores sólida y estable. Y tercero, porque sé que es mejor callar.
Caí en la cuenta de la injusticia de pedir un tiempo. Quiero un tiempo, dame un momento, aguantame un minutito. Como si alguien pudiera depositarlo en las manos de otro, como si de un puñado de arena se tratara. Si fuera posible cada pedido y cada donación serían transplantes de vida.
Hay una película inspirada en la idea de pedir tiempo. El tiempo es, en el extremo capitalista, moneda de cambio. Pero no es esa distopía tan cruel como la que se plantea en algunas parejas: el tiempo se parece a la libertad pero probablemente más a la cobardía.
Caí en la cuenta de la injusticia de pedir un tiempo. Quiero un tiempo, dame un momento, aguantame un minutito. Como si alguien pudiera depositarlo en las manos de otro, como si de un puñado de arena se tratara. Si fuera posible cada pedido y cada donación serían transplantes de vida.
Hay una película inspirada en la idea de pedir tiempo. El tiempo es, en el extremo capitalista, moneda de cambio. Pero no es esa distopía tan cruel como la que se plantea en algunas parejas: el tiempo se parece a la libertad pero probablemente más a la cobardía.
Las cosas importantes llevan su tiempo. Pero los estallidos perforan las cronologías, lastiman mucho, pocas veces se sostienen. También es natural que reviente el horizonte, la historia no se mueve siempre como fluyen los ríos.
Entonces acá yo, testigo como tantas otras veces de historias que leo a distancia, miro mis relojes: el aniversario de la soledad es un lago de penas pero también un océano de sirenas. Mis aventuras y batallas reflejan mucho más de lo que soy que la mirada de alguien.
Entonces acá yo, testigo como tantas otras veces de historias que leo a distancia, miro mis relojes: el aniversario de la soledad es un lago de penas pero también un océano de sirenas. Mis aventuras y batallas reflejan mucho más de lo que soy que la mirada de alguien.
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