primerbeso
tantos planes, tantos planes
vueltos espuma... tú, por ejemplo
Ella camina impuntualmente colorida
por la vereda de la sombra
y una esquina le juega la mala pasada de recordarle
un beso de amor.
El viento llega con el ritmo justo de una canción vieja,
la manera en que pega la luna contra la vereda,
un pestañeo en el segundo incorrecto. Traición.
Ella prefiere desenamorarse
de ese escenario inoportuno
de belleza barrial en el que amó muchas veces,
despegarse del pasado que ya no tiene
mucho que decirle.
Para jugarle ella también unas fichas al recuerdo,
se empecina en buscar primeros besos.
El primer beso lúdico, en el patio púber,
en un festejo inocente.
El primer beso nocturno, en un bolichongo
sucio de luces de celofán.
sucio de luces de celofán.
El primer beso de amor, en un banco de plaza,
como corresponde a los amores jóvenes.
Casi de libreto, su historia de besos parecida
a casi todas.
a casi todas.
tan a tiempo y tan inoportuno
El recuerdo es mejor jugador
y trae como pausas,
y trae como pausas,
como puntos seguidos los besos
que escriben su historia.
Los besos del desconocido al que le mintió
hasta el nombre,
hasta el nombre,
los besos olvidables, los habilidosos,
los mentirosos,
los besos de Pascua de Resurrección,
los ruidosos de la pasión
recién empezada,
recién empezada,
los besos entre lágrimas tibias,
los besos infieles,
el beso silencioso del chau,
los besos prohibidos después del final,
los besos de la risa y la fiesta,
los besos esperados en
la madrugada del alcohol,
los besos que no fueron
y que por eso mismo son
más suyos que los otros.
Ella que intenta a tropiezos escribir
un guión nuevo
aunque sea una parodia,
sonríe sin rencor y sin gloria
por los besos que puntean como la guitarra
los días besados hasta hoy.
“Los tiempos sin besos casi
no merecen ser recordados”,
no merecen ser recordados”,
se descubre susurrando.
Y sabe que es verdad, porque hasta los besos
entre paréntesis que intentan
borrar el sabor de otra boca
son mejores que las ganas guardadas
en el cajón o el bolsillo.
Ya aprendimos, a esta altura a no caer tan fácil
en el lugar común
y vulgar de la corrección ortográfica.
cuánta estrategia incumplida
aquella noche de luna
Aprendió pocas cosas y ya se saca el disfraz de la adolescencia
con cautela.
Pero todas las aprendió muy bien.
Sabe besar mejor que antes porque besa
con todos los besos que le dieron,
con todas las bocas que le contaron
cómo era.
cómo era.
Sabe dejarse besar distraída y pensar en otra cosa,
así como ausente
pero es sólo un momento porque de repente
ya sabe
que para besar hay que pausar la vida,
detener las estaciones y estar solamente ahí,
más cerca de sí misma que nadie,
pero siendo lo mejor del planeta para alguien.
Aprendió que no hay que hacer
grandes introducciones
para los primeros besos,
porque al final siempre son accidentes,
errores,
anécdotas geniales para contar entre amigas
con palabras desacertadas.
Sabe que alguna vez fue brillante y otra vez transparente,
pero nunca como ahora que besa
con las manos y la mirada.
Aprendió que el último beso es el más difícil
y también el segundo beso y también
el que viene después del último,
el de la reconciliación o el error reincidente,
que vienen a ser casi siempre la misma cosa.
Ahora sabe también que
no hay besos traidores,
que todos tienen la sinceridad primitiva
del instante compartido para siempre,
como nunca se pierde la arena
que se escapa de las manos,
como siempre queda dando vueltas en el reloj,
haciendo eco haciendo eco.
¿cuándo es el momento de decir ahora?
Ella, la que siempre quiso ser más flaca y más princesa
pero siempre besó sintiéndose hermosa,
que es la única manera en la que se puede
y debe besar,
se sacude el polvo de las sandalias
en esa esquina que huele a pasado
y tiene sabor a poco,
y tiene sabor a poco,
como casi todos los besos que besó enamorada allí.
Agradecida pero sin pausa
se aleja del espacio
se aleja del espacio
que hay entre ella y su historia
y camina con ritmo de soles
para no perder el colectivo,
para irse lejos, para buscar nuevos besos,
esos de la ternura urgente,
esos con sabor a ahora.
No hace falta decir
(pero sí, siempre hace falta decir)
(pero sí, siempre hace falta decir)
que cuando escribe el guión nuevo
lo llena de puntos seguidos
irregulares,
irregulares,
los que marcan sin reglas y sin piedad
me gustan tus besos
ResponderEliminarme encanto flor, escribis hermoso. deberias leernos algo de lo que escribis en el cole :) como jugas con las palabras, sos una genia total. un beso grande, Coni
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